LA GRATITUD DE UNA HOJA

25/06/2008

Una corriente de aire se aproxima y Aura feliz abre los brazos, dichosa de que esta refresque todo su cuerpo. Ha sido un  día muy extraño. Hoy cuando iba a recibir el sol sintió miedo y no pudo más que cubrirse los ojos y hacerse detrás de una amiga que estaba al lado suyo. La amiga le pregunto: ¿qué te pasa?, y Aura le respondió: sentí que el sol me iba a quemar. La amiga se pone una mano en su boca y se ríe y le responde: como vas a pensar eso si es quien nos brinda el sustento de energía diario para vivir, además nos mantiene verdes y brillantes. Aura muy nerviosa se pone a pensar en todas las cosas que le estaban pasando, esto sumado al llamado de atención de su jefe por la poca producción de clorofila que estaba teniendo en los últimos días. Tomo un espejo y se miro en él, al hacerlo, se dio cuenta de que se estaba poniendo vieja.

Aun así Aura estaba decidida a hacer lo que estuviera a su alcance; trabajaría  pero no extralimitaría sus fuerzas. El árbol se entero de ello y aceleró la debilitación de su tallo para que no fuese a transmitir su actitud a hojas vecinas,  y para que fuese arrastrada con la más pequeña corriente de aire. Aura y otras cientos de hojas fueron comunicadas de un despido irremediable. Unas por llevar demasiado tiempo trabajando, otras por haber sobrevivido a la invasión de las hormigas, otras por su mal aspecto físico caracterizado por no estar completamente verdes, entre otras causas. Aura estuvo un largo rato hablando con su amiga sobre lo que iban  a hacer de ahora en adelante; se comentaba que pronto brotarían hojas más eficientes y ágiles que superaban el trabajo de ambas. No habían terminado de hablar cuando sintieron un estruendo y una algarabía en general, sintieron que eran arrastradas por  la corriente del viendo y a pesar de agarrarse lo suficientemente fuerte no fueron capaz de sostenerse, siendo elevadas por el viento. Aura apartada del árbol cerró sus ojos y empezó a danzar al ritmo de la corriente, comprendió que el aire era muy suave para haberla arrastrado, se dio cuenta que el árbol no la había apoyado lo suficiente para haberlo evitado;  mientras caía un gesto de  felicidad se apoderó de ella,  por que comprendió que había cumplido su misión; la misión de toda hoja, luchar y desgastarse día a día con el fin de mantener en perfectas condiciones los  árboles, sin importar que estos luego las abandonen a su suerte. Aura calló al suelo y de inmediato fue aplastada por el cuerpo enorme de un buey que se hizo a la sombra del árbol. Aura se asfixió y empezó a deshidratarse.  Su cuerpo se hizo débil, su color cambio de verde por el amarillo, sus extremos empezaron a morirse; estaba agonizando. Una vez el buey se levanta inmediatamente el sol, ese,  que una vez le había llenado de vida, ahora estaba agreste, irreconocible en comparación de otros días, sintió como la ería y aumentaba su pena. Aura se fue quedando cada vez más inmóvil, más débil;  pero, antes de morir, liberó todo el oxígeno que contenía su interior para que toda especie animal aprovechara su último instante de vida, consiente que donde termina una, empieza otra.

– Carlos Montoya –

Anuncios

There are no comments on this post.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: