Cuentos

El árbol y los parques

Arbol y niño

24/06/2008

Antes de empezar, lo primero que debemos hacer es presentar a los personajes: ah perdón no, mejor no, los personajes son los que son y los iremos conociendo a lo largo de lo que ellos mismos vayan dejando ver; bueno, si es que nos permiten conocer algo de ellos, así que mejor sigamos contando esta historia que aunque no hayamos dicho nada hasta ahora no debemos preocuparnos, por que la historia no es nuestra y pues debemos dejar que los verdaderos protagonistas la cuenten a su manera y según sus caprichos. _Bueno pero como nadie se atreve a empezar, entonces vamos cuadrando las luces; _ ¡luces!, _ pero que dices (…) (el narrador principal habla con migo que aunque no soy real, si parezco mas real que él, por que soy quien esta contando la historia que a su vez él esta contando), no ves que esto no es una obra de teatro, ah que dices; _ no, entonces que hace todo este equipo de producción acá. Váyanse, váyanse.

Bueno perdónenme, dice el narrador de segundo plano: es que como todos entenderán hasta al mismo relator del cuento a veces también se le presentan inconvenientes y quien crea que para él todo es perfecto que vaya despertando y no se coma ese cuento. Hablaba Antínoo mientras empezaba su propia narración ; _guarden todo que sólo va a ser un cuento, _ grita el relator, y es mas barato por cierto, menos montaje, cámaras, sets de rodaje y menos personal a contratar. Ahora sí, me dice Antínoo: presta bastante atención para que les puedas contar las cosas como verdaderamente pasaron. De repente nuestro relator empieza a desenmarañar la historia de la siguiente manera:

Amazonas venía caminando desde su casa de descanso en las colinas del amplio valle y atraviesa la pradera siguiendo un pintoresco camino de tierra hasta hacerse a la entrada de una zona verde la cual comprendía árboles enormes de baobabs y guayacanes, donde posaban aves blancas, lechuzas, mariposas, hojarasca, y se hacía un silencio mágico, mudo pero que trasmitía una encantadora melodía, la melodía del silencio. Amazonas ve como una hoja se desprende de la copa de un árbol y empieza a caer balanceándose en las suaves corrientes de aire; está plácida y feliz de descender al descanso; feliz aún sabiendo que sirvió por mucho tiempo a su árbol y este una vez la vio fea y raída la expulso de él, como si nunca le hubiese importado todo el esfuerzo que hizo desgastándose y muriéndose día tras día sólo para que él estuviese bien. Bueno, pero Antínoo ¿esta si es la historia, me parece que estas distraído y como sentimental el día de hoy?. _jejeje si discúlpame,_ la verdad es que Amazonas si había entrado a aquel lugar pero para tranquilizarse un poco, ya que atrás, en la choza había dejado a su madre, débil y cansada del diario vivir, y ahora sus fuerzas no le daban ni tan sólo para levantarse, y se puso triste al pensar y lamentar el incidente que su padre tuvo con el árbol de oro; árbol a quien le debe las mas agradables noches que paso en su niñez en la cómoda y hermosa cuna de madera que este le regalo; y es que a pesar de que el tío de Amazonas le acompañase ella se sentía muy angustiada de tener que dejarla sola, ya que dentro de tres días era su regreso a las actividades académicas. Amazonas se sentó a la orilla de la quebrada, el agua estaba fresca y limpia, en sus orillas un pequeño pez batía su cola y se ocultaba detrás de una piedra haciéndole caritas a su espectadora, ella le sonreía y le dijo que tenía mucho parecido con Nemo, al decirle esto, el pez se sonroja y se da media vuelta (sin duda alguna el pez había visto la película el domingo por RCN). La niña tomo un poco de agua entre sus manos y se la llevó a su boca. El trago le recorrió de la más deliciosa forma su garganta hasta llegar  a su estómago. Amazonas pensaba que mejor sería llevarse su madre consigo y así de esta forma prestarle la atención que requería; pero el único problema sería su gran apego por la casa en la que paso mas de 50 años, y era de esperarse la negativa de su madre ya que esta nunca quiso abandonar la casa de madera que el árbol había diseñado para ella y el más grande amor de su vida y quizás su deseo fuese morir en el mismo sitio donde paso sus mas hermosos momentos con Daniel a quien amo y sigue amando profundamente. Amazonas escuchó un estruendo, quizás era su tío que estaba cortando un pino. Amazonas ascendió más sobre la colina y se poso sobre una roca desde donde contemplaba las montañas, el valle y, más al fondo, detrás de las colinas azuladas la cúpula de la iglesia cerca de donde se encontraba su escuela. Le gustaba pasar horas y horas contemplando el amplio horizonte desde allí donde el gran río parecía inmóvil, estático, y recordó la historia que le había contado su madre en el momento en que decidió abandonar Antioquía e irse en busca de una nueva vida cansada de estar presa de las reglas, leyes, y las exigencias de la vida social. A sus 18 años tomo su maleta y salió de la casa dejando a la abuela en el más profundo dolor, lo único que la tranquilizaba era el hecho de que Daniel iría con ella  y estaría presto a cualquier dificultad. Daniel y María solo llevaron consigo ciertas pertenencias, una linterna y una carpa en donde pasarían duras noches de frío. La abuela pensaba que al cabo de unos día regresarían a reírse de la locura que habían echo, pero no fue así, pasaron días, meses, años._ Ve y que mas como vas en la universidad, _ silencio Antínoo, te pido el favor de que no interfiramos mas ya que podríamos causar que esta historia parezca una novela;  novela no como se te ocurre ni lo menciones por favor, esta bien ya me quedare callado.

Todo este tiempo paso hasta que un día su hermano el Tío Ciprés leñador de toda la vida, quiso adentrarse a lo mas profundo de las montañas en busca de los árboles que produjeran la mejor madera jamás vista, todo esto después de que  soñara con la misma imagen: en sus sueños veía un gran árbol de hojas doradas que jamás envejecía y jamás mudaba de hojas o corteza;  el cual depositaba en su raíz la madera que necesitase toda aquella persona con el único fin de que fuesen empleados con imaginación y creatividad. Tío Ciprés una vez soñó que había ido hasta el árbol y este le había regalado una hermosa madera pulida con la cual le hiciera a su madre el piano que tanto había anhelado. Al empezar a fabricarlo noto en la madera ciertas guías de cómo debía ser el corte y con gran curiosidad hizo caso de ellas, el resultado no pudo haber sido mejor; su madre al verlo no pudo evitar sollozar de la alegría y abrazar fuertemente a su hijo.

Un martes 9 de abril Tío Ciprés se dirige sin saberlo al  mismo sitio donde había ocurrido el sueño, después de caminar entre el espeso bosque por tres días consecutivos y siguiendo una ruta que ni el sabía a donde lo llevaba, finalmente llega al sitio que sólo conocía en sus sueños y ve el majestuoso árbol  en frente suyo, este esta radiante, refleja los rayos del sol que entran por el espeso bosque y chocan contra sus hojas, Tío Ciprés se frota los ojos para comprobar que no este en otro de sus sueños, contempla asombrado este ejemplar de la naturaleza que parece tener vida propia. Al instante nota como empiezan a aparecer letras, mas tarde mensajes en el tronco de este, y uno de ellos decía: amigo estoy feliz ya que hoy María dará a luz a un lindo bebe y le estoy preparando la más hermosa cuna. Tío Ciprés queda atónito del susto, y una vez desaparecen estos mensajes del árbol escucha la voz de una criatura en la mitad del bosque. Increíble, piensa Tío Ciprés, pues nunca llego a pensar que en dichos lugares pudiese habitar gente alguna; se dirige hacia el sitio del llanto y halla una magnifica choza de madera pero lo más sorprendente es que al ingresar sus ojos son testigos de un cuadro que lo hace desbordar de felicidad: adentro están su hermana, Daniel y el niño. Tío Ciprés corre a abrazarlos y toma en sus brazos al bebé alzándolo y danzando con él. Llega la noche y se reúnen al pie de la leña para calentar la fría noche  y relatan las historias que acontecieron en los largos años sin saber unos de los otros. La choza cuidadosamente diseñada debía ser producto del árbol dorado ya que su interior era acogedor y estaba como nueva. Pasan algunos años como si fuesen días debido al placer que significaba habitar estos lugares, y una tarde mientras Tío Ciprés y su hermana jugaban con Amazonas escuchan como Daniel les llama de una forma agitada. Al llegar allí lo encuentran muy débil y tirado en el suelo, al lado del árbol había una pala y un hacha, y el árbol tenía sus hojas marchitas. Llevaron a Daniel a la casa y paso varias semanas sin poderse levantar de la cama hasta que al cabo de 45 días recobró el ánimo y se levanto, paso el día juagando con su adorable hija y ya entrada la noche los reunió y les dijo el por que había sido su recaída: intente descubrir que era lo que le daba la vitalidad al árbol así que empecé a cavar e intente cortarle una de sus raíces pero caí en su sueño profundo y fue cuando vi al árbol que me hablaba de una forma muy triste ya que había despertado un gran cariño hacia nosotros, y el hecho de haber tratado de atentarlo, le había producido un gran dolor; luego me mostro cuales eran sus funciones desde tiempos inmemoriales y pude entender que es quien cuida del bosque, de los animales y de la tierra y es quien mantiene nuestra vitalidad, además de que por el echo de hallarnos viviendo en sus proximidades, nuestro tiempo corre mas lento que el de nuestros familiares de Antioquía. Triste Daniel relata que por la ejecución de su curiosidad fue despojado de los favores del árbol y que ahora sobrevive como cualquier hombre, de las energías que genere su cuerpo y por ende, mis fuerzas han disminuido considerablemente y los años que hace rato no corrían en mí, ahora se han acelerado mas que nunca y mi cuerpo ya no resiste ese cambio repentino. Al terminar abrazo a María y dio un beso a su hija, a la vez que hace un gesto de suplica a Tío Ciprés, pidiéndole que cuide mucho de su familia; _al decir esto muere.

María pide a su hermano llevar a su hija donde la abuela para que empiece a estudiar. Desde el momento en que la niña abandona el lugar el árbol paso tres días tirando sus hojas, a tal punto que María muy preocupada debe intervenir consiente de que si las pierde todas podría ahogarse, y le dice que no se sienta afligido que es por el bien de su hija. El árbol le da una imagen de Daniel tallada en madera donde dice que le perdone por que de no haber sido por su muerte, quizás todo seguiría con la normalidad de siempre, pero que solamente cumplía las leyes de la madre naturaleza, quien ordena  responder catastróficamente a quienes se arriesgan a atacarla o vulnerarla. María comprende que el árbol se siente culpable, pero le dice que  no debe sentirse mal ya que Daniel fue quien actuó de forma equivocada. María le pide que le retire todos sus favores ya que ahora era justo empezar a vivir de igual manera como todos los hombres trabajando, esforzándose y construyendo por cuenta propia todos sus sueños y fantasías, aunque es consiente que al hacer esto envejecerá y se agotará de una forma exponencial.

Amazonas escucha de nuevo el estruendo de otro árbol que cae al suelo y decide que es hora de descender; le parece increíble que desde entonces hayan pasado siete años, que se encontrara en segundo año de secundaria y que al regresar al sitio que la vio nacer todo siguiera sin ningún cambio, excepto el estado de su madre. Al llegar a la choza, la encuentra en muy mal estado, María la toma de la mano  y le dice que se porte muy bien con su abuela y le da un beso en la mejilla; Amazonas sabe que su madre finalmente se ha ido a reunir con Daniel en algún lugar del cosmos donde finalmente algún día también se reunirá con ellos. Su tío regresa con la madera que había estado cortando y con una hermosa caja funeraria como sacada de un cuento de hadas. Su madre es depositada allí y es llevada a la gruta de las cascadas donde descansa Daniel;  mientras es transportada por el bosque cae una lluvia de hojas doradas que cubren todo el bosque, y un collar de olivos de oro se pende sobre el cuello de Amazonas, el árbol sabe que jamás volverá a verla. María es dejada en la caverna, seguro allí se sentirá más feliz que en Antioquía población que tiempos atrás decidió borrar de su itinerario de vida. Tío Ciprés enciende una gran pira en honor al recuerdo de su hermana y se despiden del lugar. Una lluvia mas intensa de hojas doradas sigue cayendo inundando el bosque saben que el árbol llora la partida de María, Daniel y ahora la de ellos dos;  por que el talento y virtudes que se tengan no tienen significado y valor alguno si no son compartidos con alguien, y ahora solo le esperaba estar solitario y alejado de los seres que le habían hecho despertar todo su potencial para hacer feliz a quienes lo necesitan; y con cada paso que dieran Tío Ciprés y Amazonas su magia se iría perdiendo.

 Al llegar al poblado de Antioquía la abuela estaba un poco mas vieja y noto como Amazonas había llegado mas renovada y vital, parecía con 5 años menos, y sólo se había alejado de la casa un mes, el tiempo de vacaciones que le habían dado en la escuela. Al llegar la noche notan en la lejanía de las montañas una columna de fuego que arde acompañada de innumerables puntos brillantes que llenan el cielo. Tío Cipres y Amazonas tenían una explicación: el árbol aun llora su partida, tanto que se a adelantado el otoño y el invierno se acerca. Entran en la casa y la abuela empieza interpretar el piano en honor a una pareja que partió en busca de una vida nueva y llena de fantasías. Al tiempo que duro la melodía la cuidad se lleno de miles de hojas de oro y plata, de diamante y esmeralda que hicieron de esta un espectáculo de luces y colores, y desde entonces en muchos parques de muchas poblaciones, los arboles son un medio para recordar la simbiosis inseparable entre hombres y medio ambiente, equilibrio sin el cual no pudiésemos crear, imaginar, soñar, existir.

Antínoo muchas gracias por la historia que me has contado y se que muchas otras personas también la escucharon mientras tu me la contabas, entre ellas los que leyeron hace un instante hasta el párrafo anterior. De todos modos  yo me iré para mi casa a escribirla de nuevo para recitársela a aquellos que no estuvieron presentes en tu actual relato.

Carlos A. Montoya

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