Sueños recurrentes

Agosto 07 del 2015

(Carlos Montoya)

Desde cerca de los 8 años eh tenido un tipo de sueños donde son frecuentes momentos relacionados con desastres naturales de gran magnitud que prácticamente destruyen o amenazan con hacerlo a todo a su alrededor. Inundaciones, deslaves, deslizamientos de tierra, tormentas y terremotos son los mas comunes. Probablemente producto de los miedos que desde pequeño se van adquiriendo del entorno y las creencias. El escenario es la mayoría de veces un paraje cercano a las montañas donde ví para fortuna o no por primera vez la luz.

Cuando estaba niño y aún sufría por no saber leer, cuando veía todos los textos como letras chinas, fui testigo de eventos que aún no comprendía, como aquel eclipse de sol donde el día se volvió noche, la recomendación de los adultos fue: no mires directo al sol porque te quedas ciego y agregaban que la luna se volvía color sangre. Palabras que para cualquier niño resultan aterradoras. Ese día estábamos en la casa de la abuela Ana a quien recuerdo como una señora de cabellera gris, larga hasta mas allá de la cintura. En aquel lugar no había mas que una tarima, especie de banca pero de dimensiones mayores en su largo y ancho. También estaba la silla donde mi mamá me cargaba mientras pasaba el eclipse y estaban las paredes de ladrillo de un cuarto ahumado. A la izquierda estaba la cocina donde la tía flor hacía de comer y donde dormían las gallinas. Hacia el lado sur se extendía el resto de la casa con paredes de bahareque (*1) muy bien pintadas, piso de tabla y camas tendidas de blanco. Hoy no quedan ni las sombras de aquellas paredes oscuras. En el balcón de esta casa de tejas y tablas que sonaban al caminar una vez una lagartija posada sobre un limón cansada de que la molestásemos expuso una especie de cresta roja producto de su “ira”.

Esta casa se comunicaba por un desecho hacia la casa de mi mamá pasando por sembrados de café de tallos largos y suelos lavados casi impenetrables, muchas veces en las hojas de hierva hacían las arañas sus trampas y yo debía buscar como alejarme de este camino estrecho para no contemplar estos seres de varias patas, de color amarillo y negro y su cabeza de color plateado, quietas pero a la vez vigilantes.

Entre los árboles muchas veces veíamos serpientes deslizándose suavemente y una vez mi hermana Inés que estaba en embarazada, esperaba a Johana le mostró su gran panza a una serpiente con el fin de ahuyentarla. Si la serpiente huyó no recuerdo, tampoco si en vez de eso la serpiente nos hizo salir corriendo.

Tenía entre 5 y 7 años cuando una noche que venía de la tienda del tío Gilberto me separé de Beatríz y Luz Aida (hermana-prima) ellas continuaron por la vía secundaria y yo me entré por una cerca de estromelio para ahorrar camino. Crucé, eran cerca de las 7 de la noche y eh mi sorpresa cuando veo al lado de un árbol de café viejo y alto una silueta parecida a un monje, con traje negro, largo, zapatos negros brillantes, daba pasos lentos y me miraba fijamente. Su cara es la que menos recuerdo a veces me llegan imágenes de un rostro pálido y otros de unos rojos resplandecientes rojos y fijos. Llamé a la puerta muy asustado, me abrieron, conté que había visto algo y José salió a revisar con una linterna y por supuesto no vio nada, para ellos todo era producto de imaginación. Me queda el consuelo de que varios se toparon en el mismo lugar con presencias difíciles de explicar entre ellos Alberto mi hermano y Omaira una vecina. Dicen que tal vez se trataba de una huaca(*2), pero que hasta ahora no hemos tenido noticias de que la hallan sacado.

En la misma casa una noche sentí como una mano fría que ascendía desde el piso me toco la axila mientras dormía en el borde de la cama con una mano colgando. En ese no puedo asegurar de que había alguien durmiendo en el piso, lo que recuerdo es que esa noche todos tenían un espacio en la cama para dormir.

Cuando mi mamá desapareció mi tía Inés me llevo a vivir donde mi abuelo y para oficializar mi llegada me compraron una cobija que era mi más valiosa pertenencia hasta el momento. En esta casa todos los hombres dormían en un cuarto de ladrillo a excepción de Julián que dormía con la mamá y el abuelo que tenía una habitación para él. No era muy cómodo dormir así, debía acostumbrarme a los hábitos de cada uno, como el de Pedro que encendía la radio a las 4 de la mañana para escuchar la emisora local. Lo único que me gustaba era cuando Leonardo me contaba historias de terror antes de dormir. Las escuchaba tapado con la cobija. En ese entonces no sabía que respirar dióxido de carbono podía ser malo para la salud. A veces debía pedirle que no me contara nada pues al día siguiente debía recorrer sólo un largo hasta la alta montaña para llevar el desayuno a los trabajadores de la finca y en ese recorrido deseaba no haber escuchado a mi tío, pues pensaba en duendes, brujas, diablos, además le temía a los gusanos, arañas, serpientes, murciélagos, mariposas grandes con ojos de búhos y avispas.

“Una vez estaban dos hombres en una cabaña y, por razones que desconozco uno de ellos pudo pedir un deseo, éste deseo tener a su lado a una mujer muy bonita con la cual pasar la noche. El otro hombre que lo acompañaba se quedó en el primer piso durmiendo. A media noche siente que algo caliente cae en su cara. Aterrado se da cuenta que es sangre y sube a ver que paso. Una vez en el segundo piso se da cuenta que esta mujer no era más que un demonio que había engañado a su amigo. El demonio lo ve y lo persigue pero el hombre corre muy rápido, cruza una cerca de alambre y se refugia al lado de una vaca y de este modo evita a este espíritu maligno que quería llevárselo”

Pero no todas las historias eran de terror, también me contaba sobre Cosiaca y su malicia para sacar provecho de la situación y engañar a sus paisanos. A mi tío sin duda le gustaban las historias, una vez vino de visita un primo de el y su pasatiempo era compartir historias picantes que por su puesto no me dejaron escuchar.

Leonardo se consiguió una vez un libro de magia negra, en su cubierta tenía una figura parecida a la de un chivo. Pero el que mas sufrió fue Amigo, así se llamaba el perro más consentido de la casa. Un perro criollo de color marrón claro y orejas puntudas, también muy temeroso del agua. Amigo dormía sólo en el corredor de cemento de la casa, lo hacía sobre un costal de fibra de fique en los que se llevaba a vender el café. Por esos días el perro se desesperaba mucho, salía a correr, ladrar y aullar cerca de un cañaduzal (*3) al lado de la quebrada. Aquel lugar era muy solitario y frío y cuando me paraba en la mitad de aquel trayecto la vía dibujaba unos de cuernos de búfalo que no tenían nada que ver con demonios sino con la geografía de aquel lugar.

Amigo aquellas noches poco nos dejó dormir. Aullaba y se sentía intranquilo hasta que una noche fue tal su desespero rasgo la puerta con sus patas, era una clara señal de que quería entrar y sentir nuestra compañía. Pero nadie salió a acompañarlo quizás pensábamos que por su naturaleza de animal “inferior” podía soportarlo todo. Yo lo único que hice fue rezar varias veces el Ave-maría, el ángelus, recité el salmo 91, varios padrenuestros, el Credo, y una oración que empezaba por salve reina y madre…Todo eso por supuesto lo hice tapado de pies a cabeza, con la cabeza hacia abajo y sudando del calor. Pero la solución pronto llegaría: Leonardo se llevo el libro a otro lado y cerca de donde el perro aullaba se colocó una cruz y santo remedio, nada se volvió a escuchar. Todo fue tranquilidad, hasta las brujas volaban en paz.

La gente decía que las pequeñas lucesitas que se veían en la noche eran brujas. Y según esa descripción, yo una vez vi una. Cruzó una alta montaña y cayó en lo alto de un monte parecía la luz de una luciérnaga, pero era más grande y el trayecto lo hacía más rectilíneo o curvo. Para las brujas existían fórmulas, en el caso de que uno se topara con alguna y quisiera hacerla caer, sólo bastaba con gritarles: ahí vas por el camino de Dios y al día siguiente si una vecina amanecía sin poder caminar, seguramente era una de ellas.

Para descubrirlas también se les podía ofrecer sal y, si alguien a la mañana siguiente llegaba a la casa a pedir, había que sospechar de esa persona. Siempre se hablaba de brujas y nunca de brujos, no entiendo por qué, seguramente sólo las mujeres eran malas. A Mónica en un tiempo, una bruja no la estaba dejando dormir. La aruñaba, le quitaba la cobija, se le montaba encima, y parte de la solución que me comentaron fue poner un vaso de agua cerca de su cama y una aguja al revés en la puerta. Además para traer buenas energías se colgaba una penca de sávila en la pared o puerta.

El diablo pasa a las 12 del día y 12 de la noche, los espejos son malos, con el pelo y una foto te pueden hacer brujería, entre otras cosas se escuchaban decir. Una vez una compañera del colegio en séptimo grado me corto parte del pelo y lo guardó en una bolsita que hizo con una hoja de papel, se lo llevo; “para tenerlo de recuerdos”y hasta el día de hoy no me eh sentido embrujado, a no ser que parte de esa brujería sea que me sienta bien sin estarlo.

A eso de los 9 años soñé que le estaba echando la bendición al diablo…

Agosto 07 del 2015

En la madrugada del 7 de agosto del 2015 soñé que estaba con unas personas que no reconozco en una construcción alta y desde esta se veía gran parte de una ciudad. El cielo se había cubierto de un material blanco, parecido a las nubes pero que reaccionaba y explotaba, destruyendo lo que había a su alrededor. Todos los que estaban conmigo entendimos que nuestro final se acercaba, yo no sabía que hacer si creer o no. Uno de los acompañantes del lugar tenía un arma y muchos de los presentes temerosos de contemplar el aterrador final que les esperaba decidieron pedirle que terminara con sus vidas de un disparo. Cerca de 3 personas ya habían caído en el sueño eterno debido al disparo de este hombre que a la vez era como un salvador que ponía fin al sufrimiento de estos en la tierra. Yo pensé en hacer fila para recibir este tiro de gracia, me tentaba que en un segundo podría liberarme de ese infierno que estaría pronto a vivir: el fin de todo lo existente, pero esperé, dudé que aquello en realidad estaba pasando…(Carlos Montoya)

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(*1) Muros elaborados con una armazón de caña brava o guadua  rellenos con arcilla y recubiertos con boñiga de vaca y arcilla.

(*2) Se decía de un entierro de alguna riqueza que una persona hizo antes de morir y que nadie conocía y una vez muerta esta persona se aparece a la gente para darle pistas de su ubicación. Las fechas preferidas para buscar entierros son los viernes santos.

Marzo 02 de 2014

Soné que alguien estaba mirando al cielo y muy feliz llamó a su mamá porque podía ver a mercurio a simple vista en el espacio. Yo también miré y empece a ver brillantes cúmulos de estrellas muy definidas. Cada segundo veíamos formas en el cielo más claras y dinámicas hasta que el pequeño planeta que se veía como un punto empezó a hacerse más grande y más grande: nos dimos cuenta que este se estaba acercando a la tierra. Entre más segundos pasaban mas grande se hacía: al principio se veía del tamaño de un globo terráqueo, luego como una gran esfera, me tapé los ojos pues sabía que iban a chocar y le dije a mis mis hermanas que estaban cerca cuánto las quería y que lamentaba no haber compartido lo suficiente con ellas. Se sentía el vértigo de la caída, íbamos a gran velocidad hacia el otro planeta. Después de un tiempo cuando abrí los ojos nada había estallado ni se habían producido grandes desastres, sólo se veían personas diferentes, con costumbres no conocidas, de aspecto diferente. Los planetas se habían unido (formando una especie de levadura en gemación) y sus habitantes mezclado. (Sueño en la madrugada del 02 de marzo de 2014). (Carlos Montoya)

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